Historia de dos lanzadores

   En la novela de Charles Dickens, "Historia de dos ciudades" el autor nos regala unas de las frases más famosas de la literatura universal que imprimen toda la dualidad que puede existir sobre cualquier situación. "Eran los mejores tiempos, eran los peores tiempos", "era la época de la luz, era la época de las tinieblas, era la primavera de la esperanza, era el invierno de la desesperación, lo teníamos todo, no teníamos nada, íbamos directo al Cielo, íbamos de cabeza al infierno" bien podríamos estarnos refiriendo a la temporada del lanzador Brennan Bernardino.

  Después de una temporada extraña con los Toros de Tijuana en la Liga Mexicana de Béisbol, donde se coronó campeón de la justa, con unos números finales no muy esperanzadores en temporada regular pero luciendo como lanzador de relevo, tirando varias joyitas en la post temporada en el parque Panamericano de Zapopan, regresaba al mismo terreno ahora a defender de nueva cuenta los colores de su franquicia invernal, los Charros de Jalisco.

  Su temporada comenzó bien, fungiendo su papel como relevista teniendo salidas cumplidoras, cubierto por dos lanzadores de más renombre como lo son Roberto Osuna y Fernando Cruz, que cumplían sus roles de cerrador y preparador a la perfección. La fatídica séptima entrada era suya y salvo los inevitables días malos todo marchaba viento en popa. Sin embargo, la segunda vuelta no podía ser más distinta. 

  Las lesiones caen sobre todas las novenas y es entonces momento de mover las piezas como si fuera un juego de ajedrez y comenzar a idear posibles soluciones para mantener una alineación competitiva. Las rayas de Tampa Bay comenzaron desde hace unos años con una revolución en el juego, buscando incorporar nuevas tácticas en un deporte que la gran mayoría de las veces peca de tradicionalista. Ideas como el "shift" o el "opener" los ha puesto en posiciones ventajosas respecto a sus contrincantes con nominas mucho más altas y que se guían por las reglas ordinarias del béisbol. Un viejo conocido de los Charros, Sergio Romo, fue precisamente una de las piezas claves en estos cambios, sirviendo como abridor en los partidos para enfrentar a los primeros 3 bateadores del orden al bat y dando una mejor oportunidad al lanzador originalmente inicialista, que ahora cumpliría una labor de relevo largo.

  Varios lanzadores vieron acción en la segunda vuelta bajo esta faceta de "opener" y Brennan Bernardino no fue la excepción. Y los primeros resultados no fueron nada esperanzadores, siendo vapuleado en varias de sus salidas tanto como abridor y como relevista. Parecía que algo había cambiado en ese lanzador dominante de la primera vuelta y había perdido el control de sus disparos. Muchos en su momento se lanzaron a las redes sociales a pedir que lo sentaran y que al ser extranjero, fuera simplemente cambiado por otro, en una liga donde la paciencia al foráneo no es su principal virtud. Algunos dudábamos de la estrategia o la razón por la que el entrenador Roberto "el chapo" Vizcarra continuaba mandándolo a enfrentamientos donde no se veía como podía salir airoso.

  Pero luego llegó la post temporada y el cambio se dio de la noche a la mañana. Se anunciaba a Bernardino como el encargado de abrir el segundo juego en Zapopan frente a los caballeros Águila de Mexicali, escuadra que tenía tomada la medida al conjunto jalisciense en la temporada regular. Y con una salida difícil, donde permitió 7 hits y dio dos bases y enfrentó a 19 bateadores, pero sin permitir un daño considerable mantuvo a Charros en la pelea y brindando la oportunidad del regreso. Posteriormente la serie regresaría a Jalisco y Bernardino nos brindó un juegazo donde dio cátedra de pitcheo y maniató a los bates mexicalenses a dos imparables y una base por labor de 7 entradas sin permitir carrera.

  Las semifinales contra Monterrey presentarían un patrón similar, con un Bernardino dando un primer juego mediano pero reivindicandose de manera excelsa en su segunda apertura de la serie siendo clave para obtener la serie en 7 encuentros y fajándose de nueva cuenta en el partido decisivo que permitiría el avance a la siguiente ronda. 

  Y contra Culiacán no sería de otra manera. Ahora inspirándose en el Doctor Jekyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson, nos llevó del cielo al infierno, con una salida desastrosa en el juego 3 en la ciudad Sinaloense, sin sacar un solo tercio y permitiendo 5 carreras limpias, pero peor aún, regresandole la vida al conjunto guinda que para ese entonces estaban casi contra la pared. Pero esta historia de dualidad no podía terminar de otra manera que con el complemento. Ante una salida funesta, solo quedaba redimirse y obtener la gloria. En un juego 7 de matar o morir, contra la nueva rivalidad de la liga, dejó al señor Hyde en el vestidor y tiró ocho entradas magistrales que a la postre le permitieron no solo levantar el título de campeón si no tambien el de más valioso de la serie final.

  A esta historia aún le queda un capítulo llamado "Serie del Caribe" y aunque quisiera que todo fuera miel sobre hojuelas, la historia es caprichosa y siempre está trabajando por darle a todos la oportunidad de ser el héroe y/o el villano de la misma, encontrar su lugar en el mundo, y con un poco de suerte, encontrar a alguien que crea en su potencial sin importar los hechos recientes.


Danilo González


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